Leishmania
Leishmania, una enfermedad mortal
¿Qué es?
La leishmaniasis es una enfermedad contagiosa causada por el parásito Leishmania infantum. Si no se trata adecuadamente, puede provocar una evolución lenta, dolorosa y, en muchos casos, mortal. Además, su tratamiento suele ser costoso. Una vez que un perro contrae esta enfermedad, siempre necesitará tratamiento sintomático, en mayor o menor medida.
Es importante recordar que los síntomas clínicos se pueden controlar, pero la enfermedad no tiene cura. Por eso, la medida más importante es la prevención desde el primer día que llega un nuevo compañero a casa.
¿Cómo se transmite?
La transmisión ocurre a través de la mosca de la arena, activa desde abril hasta aproximadamente septiembre, cuando las temperaturas nocturnas superan los 20 °C.
La mosca de la arena está activa desde el anochecer hasta el amanecer y mide solo entre 3 y 5 mm.
¿Cuáles son los signos clínicos?
Cutáneos
– Engrosamiento anormal de la piel.
– Úlceras.
– Heridas y abrasiones alrededor de la zona nasal.
– Dermatitis e infecciones cutáneas.
Viscerales
– Pérdida de peso, especialmente visible en la cara.
– Aumento de la frecuencia urinaria y sed (signos de insuficiencia renal).
– Atrofia muscular.
– Depresión y letargo.
– Vómitos o diarrea.
– Tos y estornudos.
– Heces negras.
– Fiebre.
– Ictericia (mucosas amarillentas).
Otros signos frecuentes
– Anomalías en las garras.
– Adelgazamiento progresivo.
– Anemia.
– Artritis.
Prevención
Evitar que el perro permanezca al exterior durante las horas de oscuridad.
Usar collar Scalibor®, muy efectivo durante toda la temporada.
Utilizar Ex-Spot™ cada mes (no es necesario si ya se utiliza Scalibor®).
Control
Aunque tu mascota no presente síntomas, es fundamental realizar controles periódicos.
Se recomienda hacer un análisis de sangre dos veces al año para detectar la infección en fases tempranas, cuando el tratamiento es más efectivo y menos agresivo.